Reflexiones sobre el discurso del Secretario General de la Uil Pierpaolo Bombardieri.

Pierpaolo Bombardieri

La crisis en el mundo del trabajo como consecuencia de la pandemia del Covid 19 es un fenómeno que golpea a casi todos los países y regiones del mundo. No hubo esquema económico que no haya sufrido consecuencias, incluso países con modelos diferentes. En todos, el mercado de trabajo fue duramente castigado. Quedó demostrado que de esta crisis nadie se escapa.

Por otra parte, se acentuaron algunas transformaciones que se venían dando en los sistemas productivos. La velocidad de la innovación y la aplicación de nuevas tecnologías se desplegaron de manera fenomenal en esta pandemia. El teletrabajo también fue una modalidad que se utilizó en los momentos de aislamiento social obligatorio- cuarentena.

Asimismo, las actividades que siguieron tuvieron que adaptarse a normas de seguridad sanitaria. Nuevas modalidades de rotación de turnos, re-organización de los sistemas de transporte y logística, re-ubicación de puestos de trabajo, controles sanitarios, en fin, nuevas modalidades de relaciones de trabajo y producción. Todo ello sin contar el aumento de la precarización laboral y la reducción en muchos casos de salarios.

Según estudios y relevamientos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en la primera mitad de 2020 se perdieron el equivalente a 400 millones de empleos a tiempo completo debido a la crisis del COVID-19, un número mucho más alto que el previamente estimado y a su vez, se registró una caída del 14% en las horas de trabajo a nivel mundial.

La situación es crítica y compleja, pero citando al Secretario General de la UIL, Pierpaolo Bombardieri, “esta complejidad nos abre a la posibilidad de realizar un cambio profundo en el interior de nuestra sociedad. Sabemos que nada va a ser como antes, que las políticas económicas liberales son incompletas y muchas han mostrado sus límites. Es por ello que se hace necesario un replanteo significativo, un cambio genuino”.

“Este cambio constituye un proceso, no será de un día para el otro, sino una re-construcción de nuestras sociedades. Serán fundamentales los valores como la SOLIDARIDAD y el altruismo por sobre el individualismo y el egoísmo. Solidaridad que quedó demostrada por muchos trabajadores, entre ellos los de la sanidad pública y privada, que ofrecieron hasta su vida para combatir los desastres del Covid 19. El valor de la solidaridad debe ser el puntal para este cambio que deseamos”.

Sabemos que el ser humano es por su naturaleza un ser social. Notamos eso por la gran angustia colectiva que produjo el aislamiento social obligatorio. Pero es esta sociabilidad natural que nos hace esencialmente humanos. Nuestra naturaleza es además política, porque sólo los seres humanos pueden crear distintos sistemas, instituciones, marcos normativos, etc , que regulen su propia vida social. No olvidemos que no existen hombres aislados, nadie vive solo ni puede vivir sumergido en su individualismo. Todos necesitamos del otro.

Es ahí donde entra el juego de la política. Y tal como lo expresó el Secretario General Bombardieri, “necesitamos también un modelo de Estado que sea superador y que no sea considerado como una superestructura del mercado sino que sea una organización institucional que promueva el desarrollo económico y garantice la genuina democracia social. Un Estado que no promueva una ideología autocrática y centralista, pero que sí aplique políticas públicas destinadas a fortalecer el entramado productivo, incentivar el consumo, favorecer al empleo y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. En fin, un Estado dinámico que sea capaz de direccionar y de dar libertad a las fuerzas productivas. Educación, formación, acceso a nuevas tecnologías, son áreas que este Estado debe sostener. Asimismo, no descuidar a los sectores más vulnerables, a los ancianos, a los indigentes. Se necesitan políticas que promuevan los ideales de la democracia social y no sólo democracia formal.

Por último, una parte importante del discurso de nuestro Secretario General hacía referencia a que “en el mundo de hoy el trabajo es considerado como una actividad destinada a conseguir dinero para poder cubrir las necesidades. Como actividad es considerada como una mercancía más y está regulada por el mercado. Lejos de esta idea liberal, el TRABAJO es una actividad fundacional, o sea, es mediante el TRABAJO que el ser humano transforma a la naturaleza para crear bienes y servicios que sean necesarios para su vida en sociedad. Es una actividad que implica el relacionarse con los otros, una colaboración y cooperación entre los seres humanos”.

Cada hombre posee sus cualidades particulares, y es en el TRABAJO donde esos dones son puestos a disposición para el bien de todos. No es un producto, una mercancía, sino es que consiste en una actividad propia del hombre y que le permite modificar la naturaleza y el mundo que le rodea.

Volver a colocar al TRABAJO como actividad fundacional de la sociedad, es parte de ese cambio hacia un mundo más justo y equitativo. No hay dignidad humana, ni derechos, sino se parte de restablecer al TRABAJO.

Esperemos que esta pandemia del Covid 19 nos lleve a reflexionar sobre la necesidad imperiosa de generar cambios en nuestra manera de vivir. Más solidaridad y menos individualismo. Porque sólo entre todos podemos establecer una mejor sociedad.