Europa, entre la crisis y la esperanza

OPINION (Lic. Leonardo Olivieri) Podemos decir que, por primera vez desde 1957, Europa se encuentra en una situación en la que tres grandes potencias (Estados Unidos, China y Rusia) tienen interés en debilitarla. Sus formas de presionar a la Unión Europea podrán ser muy diferentes, pero las tres coinciden en una hostilidad esencial al modelo de gobernanza de la UE.

El modelo europeo, al fin y al cabo, se basa en el principio de soberanía compartida entre los estados en áreas cruciales como la estandarización de mercados y el comercio internacional. Esa idea liberal es antitética a la visión estadounidense, china y rusa de la soberanía, para la cual las prerrogativas de los estados están por encima de las reglas y normas de conducta mundiales. La soberanía compartida sólo es posible entre estados liberales; la soberanía pura es exclusividad de populistas y autoritarios.

En síntesis, para éstas tres potencias, los estados nacionales son el centro de las relaciones internacionales y su búsqueda consiste en buscar incrementar su influencia y poder en el concierto de las naciones. Para la visión europea, por el contrario, prima la relación de interdependencia compleja entre los diversos estados, donde cada decisión que tome un gobierno singular tendrá repercusiones en los otros estados. Por la complementariedad, la interrelación y la coordinación entre estados resulta ser el eje fundamental de la política exterior.

Es verdad que a la UE todavía le falta mucho para alcanzar la autonomía estratégica y económica. Pero eso no implica que no sea capaz de hacerlo. Europa cuenta con muchos recursos con los que defender el multilateralismo y las normas internacionales. Con su creatividad y el enorme volumen de su mercado, puede desempeñar un papel crucial en la fijación de normas para la digitalización y la inteligencia artificial, que hoy están en el centro de la batalla económica global. No olvidemos que fue Europa la que dio el primer paso en la regulación de la economía de plataformas, mediante el Reglamento General de Protección de Datos, ya convertido en modelo mundial.

También se registra el avance de fuerzas políticas críticas y anti europeas.  Estas fuerzas políticas se denominan como soberanistas, al afirmar la independencia de los estados nacionales con respecto de lo que ellos definen como una tendencia globalista. Es este globalismo el que desmantela los aspectos sociales, culturales, económicos y políticos de cada nación. El gran desafío que tiene Europa es integrar a estas fuerzas o movimiento soberanistas a un esquema político que las contenga y brinde soluciones concretas a sus demandas.

Otro punto importante a tener en cuenta es la crisis migratoria que se presenta en gran parte del mundo y Europa no está ajena a tal problemática.  No es sólo una cuestión de abrir los puertos y de activar mecanismos de solidaridad, sino que la inmigración masiva propone problemas de seguridad interna, de disponibilidad de recursos, de cambios culturales y de integración. Esta situación compleja dividió las aguas y generó una polarización entre fuerzas políticas y sociales.

Asimismo, Europa todavía necesita desarrollar su capacidad monetaria, industrial y militar. La UE debe ampliar el papel internacional del euro, para que pueda servir como activo seguro y moneda estándar para el comercio transfronterizo. La internacionalización del euro exige un mercado de capitales profundo, comparable al de Estados Unidos, y ya hay entre los estados miembros de la eurozona un consenso favorable a avanzar en esa dirección.